Pero que Damien Hirst tenga 100 personas trabajando en el suyo me parece que aleja el concepto de arte, de obra artística y lo asemeja a otro, el diseño. El problema es que el diseño se paga mucho peor, por lo que los artistas prefieren decir arte, pero en muchas obras hoy (y hace unos meses estuve en Art Basel) sólo veo ingenio, nuevos materiales, nuevas dimensiones (=más grande) pero hoy día la innovación artística creo que esta en manos de los diseñadores.
Creo que internet, la popularización de los materiales para crear (photoshop, computadores, u otros) ha llevado a que una legión de diseñadores cree constantemente nuevas fórmulas expresivas, especialmente en pintura (aunque no hagan un cuadro, sino un flyer) más que en escultura, salvo si consideramos aquellos diseñadores que llevan a producción obras como lámparas, sillas y otros objetos para la vivienda que se crean como obras artísticas, pero en serie.
Por lo que vi en Art Basel, el diseño es realmente quien influye a los llamados artistas. Es realmente donde se marca la innovación, lo diferente y la nueva forma de mirar. Centenares de miles de personas que trabajan en estudios de diseño o de publicidad, que crean para clientes, o para sí mismos o sus amigos y lo cuelgan en internet o lo reparten en revistas callejeras.
La cuestión es que el diseño, por exclusivo y serie limitada que sea, no es único. Pero no nos engañemos, los artistas replican una y otra vez la misma obra que les ha dado éxito (=que se vende bien) o si no que le pregunten a Tapies, con miles de obras producidas (y vendidas) pero con muy poca innovación a partir de una base, sino con meras variaciones. Pero con su autógrafo, que es lo que vende, naturalmente. El capricho de poseer una obra de artista, por más que sea casi igual que otra decena de obras.
El diseño, la obra de diseño se paga peor, pero en las cotas más altas. De promedio se vive de forma mejor siendo diseñador que pintor. Un diseñador promedio puede vivir tranquilamente en cualquier ciudad, pero un pintor promedio sencillamente no puede sino completar sus ingresos con las obras que vende a los wannabes de la ciudad. Con suerte puede hacerse un pequeño nombre que rara vez supera las fronteras de la provincia (o equivalente).
Pero en lo que nos fijamos, evidentemente, es en lo sobresaliente, que es lo que encuentra eco en los medios. En la élite, los mejores. O los que mejor se han sabido vender y más fortuna han tenido la mayor de las veces. Así ignoramos las historias de miles de promedios y vemos que los pintores de más éxito viven de fábula, en una historia entre económica, ególatra y de éxito social que atrae.
Pero, ¿y si fuera mentira?, ¿y si una parte nada despreciable, sino amplia, de lo que son las obras artísticas contemporáneas estuvieran sencillamente sobrevaloradas?. ¿y si lo que entendemos como expertos realmente tienen una visión distorsionada y un evidente conflicto de intereses? ¿y si lo que hemos estudiado en los libros de historia del arte como obras excepcionales sencillamente no existan hoy, y sencillamente son obras agradables sin más?
El poder de la exclusividad es tal en los millonarios que si no no entiendo los precios que alcanzan las obras. La obra fotográfica, replicable, es con mucho muchísimo más económica precisamente por si capacidad de hacer copias (salvo cuando se venden con los negativos, de entonces, ya que hoy es un archivo digital).
Y por ello el diseño no tiene ese precio. Evidentemente hay obras de diseño, limitadas, exclusivas y de precios muy exclusivos. Pero sin la pretenciosidad del arte. Pero con más capacidad de comunicar muchas veces.
¿Significa ésto el fin del arte? Ni mucho menos. Pero quizá se trate de otro mercado inflado, de otra burbuja. Quizás jugamos a ser mecenas contemporáneos, emulando a los que habitaban en el siglo XV o XVI. A comprar lo que ellos representaban en nuestros libros de historia. El arte es necesario. No tiene función salvo comunicar, expresar, hacernos disfrutar sensorialmente, fundamentalmente con la mirada. Eso es necesario. Pero hoy las propuestas más interesantes generalmente ya no se encuentran bajo el monopolio de los circuitos del arte. Sino en los colectivos de diseño.








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